Existe un proverbio irlandés que dice así: «Todo lo que existe y todo lo que ha existido acabará desapareciendo: la luna, las estrellas, la juventud, la belleza».
Esta es la raíz del significado de Theme from Harry’s Game, de Clannad.
Qué sublime verdad y qué profundidad encierra este proverbio. Un hecho que nunca, o la mayoría de las veces, tenemos presente. Todo lo que ves, sientes y oyes algún día se disipará en la eternidad. Habremos sido un eco en el universo.
¿Y por qué una sublime verdad?
¿Te has planteado realmente quién eres dentro de tu propia existencia? ¿Quién es ese ser que habita en el interior de este envoltorio que llamamos cuerpo humano?
Llegar a este conocimiento profundo, a esta sublime verdad, nos engrandece con la fortuna de comprender lo que somos como seres universales. Habitamos este vasto cosmos en el que flotamos y danzamos al son del movimiento de nuestra galaxia, la Vía Láctea.
Ahí está la paradoja del tiempo y de lo poquito que somos a escala universal. Una mota de polvo en esta vastedad. Y precisamente aquí radica nuestra grandeza: tenemos un breve lapso de tiempo en esta burbuja llamada Tierra, surcando el cosmos con nuestras virtudes y nuestros defectos, dando rienda suelta a nuestros sentimientos.
Este post es un llamamiento a una comprensión más profunda de la gran fortuna que supone la propia vida y ser quienes somos. Una invitación a mirar más allá de lo cotidiano, desde el nivel más íntimo de la espiritualidad hasta lo más científico y humano.
Es una mirada hacia la paz, el amor y la conciencia, pero también hacia la curiosidad por aquello que nos rodea. Porque, como nos recuerda ese proverbio irlandés, algún día no seremos más que polvo, después de haber disfrutado de un breve periodo de existencia en esta madre Tierra que nos albergó.
Medina Azahara lo resumió perfectamente en un título: Todo tiene su fin.
Así como los seres humanos morimos, todo tiene un límite. Las estrellas también nacen, evolucionan y mueren. Algunas de las más masivas pueden terminar colapsando y dando lugar a objetos extremos, como estrellas de neutrones o agujeros negros; otras expulsan al espacio buena parte de su materia. Ese material puede incorporarse posteriormente a nuevas generaciones de estrellas y planetas.
Este es el ciclo cósmico del que formamos parte.
Por eso hablo de una sublime verdad: porque es una verdad que nos conduce hacia la humildad. Algo muy necesario en nuestra vida y más aún en los tiempos que corren, cuando tantas veces lo superficial parece imponerse a lo profundo y a nuestro mundo interior.
Como visión personal, para mí el universo no es solo ciencia. Es una conexión profunda con el todo, con el misterio de la propia creación, que despertó mi curiosidad cuando apenas tenía cinco años.
Por eso, cuando miro el firmamento, no veo solamente un espectáculo celeste. Encuentro el lugar al que siento que realmente pertenezco: allá, a las estrellas.
Y es que, como suele decirse, somos polvo de estrellas.
En definitiva:
¿Cómo quieres vivir?
El tiempo no espera. Sigue su cauce y no mira hacia atrás.
Os dejo el tema que me inspiró a escribir estas palabras y una fotografía que hice de M5, un cúmulo globular formado por cientos de miles de estrellas.
He querido darle a este post un importante componente de espiritualidad porque mi mente danza entre Dios y la ciencia.
Gracias a todos.
